Nuestra sociedad presenta un panorama poco alentador. España es uno de los países europeos con un mayor y más rápido proceso de envejecimiento demográfico, que sumado a la baja tasa de natalidad, supone un gran impacto en el mercado de trabajo: implica escasez de población en edad de trabajar y aumenta por ende la edad media de los trabajadores y trabajadoras, lo que a la larga puede generar problemas en la cadena de producción y adaptación a las nuevas tecnologías.
De esta manera, con el devenir generacional, los trabajos tradicionales tienden a desaparecer o transformarse significativamente, y son las zonas rurales y desempeños profesionales concretos los que más sufren esta realidad laboral. Desempeños, que, a pesar de la automatización y digitalización de tareas, se alzan como sectores estratégicos para la sociedad, como la ganadería y la agricultura.
La situación presente exige la necesidad de adaptar estrategias que den lugar a un traspaso generacional y una transición laboral, pero la realidad es que las generaciones venideras en su mayoría tienen desinterés por este tipo de trabajos, por considerarlos duros, de jornadas extensas y poca proyección profesional. Asimismo, tienen preferencia por vivir en grandes ciudades y deciden optar por profesiones digitales y de otros sectores emergentes.
En la historia, generalmente los jóvenes iniciaban su formación en un oficio tradicional, aprendiendo a trabajar, realizando desde las tareas más básicas hasta las labores más complejas a través de la guía de un maestro. Gracias a este sistema se enseñaba a través de la práctica y la observación, y se transmitían los conocimientos y habilidades de generación en generación.
Pero, la realidad actual es que hay pocos aprendices y muchas demandas laborales: trabajos que requieren formación más específica como por ejemplo soldadura o carpintería. Puestos de trabajo que por su alta rotación demandan más mano de obra, como en sectores de logística; y trabajos en los que las condiciones laborales resultan poco atractivas, como la hostelería. Sin embargo, son sectores claves para la economía de la sociedad actual.
Es significativo, por tanto, reconocer el papel fundamental que juegan los oficios tradicionales, tanto en su contribución cultural e histórica a la sociedad, así como su importancia en el mercado laboral para la generación de empleo.
Existe la necesidad de tomar medidas que permitan una transición laboral a través de la implementación de programas educativos que transmitan estos conocimientos y habilidades a las nuevas generaciones, y poder romper con la brecha entre la demanda de competencias y las habilidades de los trabajadores y trabajadoras.
En definitiva, una de las herramientas clave para preservar los oficios tradicionales es la Formación Profesional Dual, la cual, combinando teoría y práctica, asegura que los alumnos y alumnas adquieran las habilidades y competencias necesarias para la continuidad de estos oficios.